La experiencia no era nueva. Después del quinto hijo, sugiere un embarazo llevadero y sin inconvenientes como todos los demás, a pesar de que han pasado diez años del nacimiento del último.
Lo que sà ya no será lo mismo, es la presencia de la abuela para ayudar; porque se durmió para siempre el invierno pasado, sin reclamar nada y cumpliendo con sus repetidos vaticinios, de dejar estos pagos, cuando estén florecidos los lapachos y se retuerza el naranjal que ella misma planto.
Los hijos están todos grandes y se pueden socorrer. Ya no hay tantos animales después de la gran inundación, y solo hay que darles de comer a las gallinas y a los cerdos. Lo que sà recomendó a todos, es que trataran de terminar el horno de barro prometido en navidad. Al más grande le encarga el cuidado del más chico, y sin saberlo introduce enseñanzas jesuÃticas de las viejas escuela Normales.
Planifica los deberes domésticos y calcula que en el periodo de su inactividad podrá arreglar toda la ropa de trabajo.
La orden del médico en su última visita al hospital del pueblo, era de realizar un reposo preventivo; la edad de parturienta ya no es la ideal y a sabiendas de lo que es la mujer de campo en sus quehaceres rutinarios, siempre asociados al esfuerzo, de sol a sol; la convenció de que se mantuviera al margen de toda intromisión hogareña.